En Japón, tierra de mitos, fantasmas y criaturas extrañas, ocurrió hace más de ocho décadas el increíble caso de Okiku, la muñeca poseída presuntamente por un espíritu y cuyo cabello no para de crecer. La historia de este sobrenatural juguete se relaciona con una pequeña niña japonesa llamada Kikuko Suzuki, de tres años de edad, quien en 1932 contrajo una grave enfermedad que la obligó a guardar cama durante algunos meses.
Durante esos largos meses, su hermano mayor, Eikichi Suzuki, en un viaje que hizo encontró el regalo ideal para su pequeña hermana. Una muñeca de unos 40 cm. que tenía la cara de porcelana blanca, ojos intensamente negros, el cabello oscuro a la altura del hombro y un tradicional kimono. Un juguete muy normal de la época.
Al volver a casa el hermano le entrega la muñeca a su hermana.
Kikuko se enamoró completamente de la muñeca y no se despegaba de ella ni un solo segundo del día, le puso de nombre Okiku, el nombre irónicamente proviene de un cuento de fantasmas japonés.
Pero su frágil estado de salud empeoraba y en enero de 1933 tristemente la pequeña Kikuko falleció.
Su familia siguiendo las tradiciones de Japón cremaron el cuerpo de la niña y sus cenizas, luego ya en la casa las colocaron al lado de la muñeca que ella tanto amaba. Con el correr de los días los familiares de la niña asustados comenzaron a notar que el cabello de la muñeca increíblemente iba creciendo.
Asustados al ver que el cabello ya le llegaba hasta las rodillas a la muñeca decidieron cortar dicho cabello, pero de nuevo después de varias semanas notaron que le volvía a crecer.
Tiempo después con la llegada de la segunda guerra Mundial los familiares de Kikuko tuvieron que mudarse, así que dejaron a la muñeca en un templo sintoista para que los monjes la cuidaran. Ellos le advirtieron a los monjes sobre la capacidad sobrenatural de la muñeca, pero los monjes poco caso le hicieron.
Pero, el cabello de la muñeca seguía creciendo y los monjes, al igual que la familia de Kikuko también hasta el día de hoy tienen que seguir cortando el cabello de la muñeca que dicen que tiene en su interior el espíritu de la pequeña Kikuko.
Hoy en día sigue siendo una atracción turística del templo Manneji en Hokkaido en donde se dice que le siguen cortando el cabello, algunos la han visto lágrimas en los ojos y que de vez en cuando la muñeca Okiku incluso abre la boca.